Opiniones virales.

Verdades vacías: el riesgo de buscar guía emocional en redes sociales

Por: Welmer Quezada

En la era digital, las redes sociales se han convertido en una de las principales fuentes de información, entretenimiento y validación emocional, especialmente entre los jóvenes. Plataformas como TikTok e Instagram no solo dictan tendencias, sino que también se han posicionado como espacios donde millones buscan consejos sobre amor, autoestima, salud mental, relaciones, espiritualidad y hasta decisiones de vida. Pero, ¿estamos interpretando correctamente el rol de estos contenidos? ¿O hemos caído en la trampa de aceptar cualquier opinión como verdad absoluta?

De la pantalla al corazón: cuando cada video es un consejo

Cada vez es más común ver videos de personas comunes hablando con autoridad sobre temas complejos: “Si tu pareja no te escribe, aléjate”, “Si no te busca, no le importas”, “Tu valor no depende de nadie”. Frases contundentes, emocionalmente atractivas, y por eso mismo, peligrosas. No porque estén totalmente equivocadas, sino porque se presentan como verdades universales sin contexto ni fundamento.

Muchas veces, estos videos no nacen desde la sabiduría ni desde la experiencia profesional, sino desde vivencias personales o desde lo que suena bien en un reel de 15 segundos. Se busca lo viral, lo emocional, lo inmediato. Lo que más likes genera no siempre es lo más saludable.

La necesidad de validación disfrazada de contenido

Una de las razones por las que este tipo de contenido prolifera es porque apela a nuestras emociones más básicas: la necesidad de ser comprendidos, aceptados, respaldados. En lugar de buscar nuevas perspectivas, muchas personas navegan las redes buscando confirmación a sus creencias: “quiero escuchar que está bien alejarme”, “quiero escuchar que el otro es el culpable”. Así, se genera una burbuja de opiniones que no desafían, no enseñan, no aportan —solo consuelan momentáneamente.

Y lo más preocupante: quienes generan ese contenido muchas veces no lo hacen con la intención de ayudar, sino de agradar, ganar seguidores, o simplemente ser validados por los demás.

¿Dónde queda el criterio?

Lo que antes era un consejo de un amigo, ahora se ha transformado en la palabra de un influencer. El problema no está en usar redes sociales, sino en otorgarles una autoridad que no tienen. No todo creador de contenido es un terapeuta. No todo post viral contiene sabiduría. Y definitivamente, no toda opinión pública debe ser interpretada como una verdad aplicable a tu vida.

Consumir contenido emocional en redes sin filtro crítico es como automedicarse con pastillas que encontraste en la calle: puede que no pase nada… o puede que te haga mucho daño.

¿Cómo deberíamos ver estos contenidos?

La respuesta no es dejar de ver TikTok o Instagram. Las redes no son el enemigo. El problema está en cómo las usamos y cómo interpretamos lo que vemos.

Este tipo de contenido emocional debería asumirse, principalmente, como entretenimiento. Un punto de partida, no un punto final. Una chispa que puede inspirar una reflexión, pero no una sentencia definitiva sobre tu situación personal. La verdadera guía debería buscarse en fuentes con experiencia, con formación, con ética.

Si estás enfrentando una crisis emocional, un proceso de duelo o una confusión personal, lo ideal no es quedarte en un mar de opiniones virales, sino acudir a un profesional de la salud mental, un mentor, un terapeuta o incluso alguien con criterio que te conozca y tenga el contexto real de tu vida.

El rol de los profesionales y la responsabilidad del creador de contenido

Las redes también pueden ser un canal poderoso para el cambio positivo. Hay psicólogos, médicos, coaches, profesores y especialistas que comparten información útil, clara y verificada. Ellos no apelan a lo emocional por lo emocional, sino que ofrecen contenido con base científica o experiencia concreta. Debemos aprender a darles más espacio, a buscar intencionalmente este tipo de voces y darles el valor que merecen.

Del otro lado, los creadores de contenido también deben asumir cierta responsabilidad: si vas a dar un consejo, ten la humildad de advertir que es solo tu opinión, y no una ley universal. Y si tienes una audiencia, sé consciente del poder que ejerces sobre ella.

Estudios que lo confirman

Un estudio publicado por la Universidad de Pittsburgh (Primack et al., 2017) encontró que el uso excesivo de redes sociales está asociado con un incremento en los niveles de ansiedad, depresión y soledad, especialmente entre los jóvenes. El motivo, según los investigadores, no es solo el tiempo en pantalla, sino el tipo de contenido consumido y cómo impacta en la percepción personal del usuario.

Conclusión: criterio, conciencia y responsabilidad

Las redes sociales no son buenas ni malas. Son herramientas. El problema surge cuando las convertimos en nuestro único filtro para entender la vida. Si aprendemos a ver el contenido emocional como lo que es —entretenimiento, perspectiva personal, inspiración— y no como una guía absoluta, evitaremos muchas frustraciones.

Y si, además, nos abrimos a escuchar a quienes sí tienen bases, experiencia y vocación de ayudar, estaremos usando las redes no para perdernos… sino para encontrarnos.

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