El 2026 no llega por casualidad: se construye

Suma para multiplicar. 

Creo fielmente que las coincidencias existen por una razón. No aparecen por casualidad: llegan como oportunidades disfrazadas de momentos comunes. El verdadero dilema no es si llegan o no, sino si estamos preparados para reconocerlas, tomarlas y convertirlas en algo que realmente sume y multiplique en nuestra vida.

Porque una oportunidad no aprovecha al distraído; aprovecha al preparado.

Y aquí va la pregunta incómoda, pero necesaria:

¿Está usted realmente preparado para este 2026?

Preparado no solo emocionalmente, sino mental, espiritual y estratégicamente. ¿Sabe qué está pasando con la tecnología? ¿Entiende cómo la inteligencia artificial ya está cambiando la forma de trabajar, de emprender, de comunicarnos y hasta de pensar? ¿O sigue esperando que el mundo se detenga para alcanzarlo?

Alvin Toffler lo dijo con claridad hace décadas:

“Los analfabetos del siglo XXI no serán quienes no sepan leer y escribir, sino quienes no sepan aprender, desaprender y reaprender.”

Uno de los mejores consejos que puedo darle es este: manténgase preparado. Actualícese. Infórmese. Invierta en usted. Invierta en conocimiento, en disciplina, en criterio. No en cosas que solo le darán satisfacción momentánea y vacío permanente. Prepárese para que cuando la oportunidad llegue —porque llegará— usted tenga la capacidad, la claridad y el carácter para sacarle el máximo provecho.

Yo no creo en la suerte.

Creo en el trabajo constante.

Creo en la disciplina silenciosa.

Creo en hacer lo que toca incluso cuando nadie está mirando.

Las oportunidades no solo aparecen, también se crean. Se construyen con enfoque, con deseo real y con una voluntad firme de lograr algo más grande que la comodidad. Como decía Séneca:

“La suerte es lo que sucede cuando la preparación se encuentra con la oportunidad.”

La vida, en su inmensa belleza, no deja de sorprenderme. He confirmado algo poderoso: mientras menos me quejo y más agradezco por lo que tengo y por lo que soy, más procesos de transformación se activan en mi presente, alineándome con el futuro que anhelo para mí y para los míos.

Hoy puedo decirlo con certeza: soy una versión distinta a la que empezó el 1 de enero de 2025. He observado mis procesos, mis errores, mis aciertos. He entendido qué debo ajustar, qué debo soltar y qué debo fortalecer para que este 2026 sea, sin excusas, mejor.

Ser honestos con nosotros mismos no es fácil, pero es indispensable. Nadie conoce nuestra historia como Dios y como nosotros mismos. Y solo desde esa honestidad brutal podemos ver con claridad en qué necesitamos mejorar. La autoevaluación sincera no duele, libera.

Hace poco conversaba con alguien sobre las distintas maneras de querer. Y cuando uno se vuelve consciente de su forma de amar, también se vuelve claro respecto a lo que desea en su vida y a quién desea cerca. Ser selectivo no es soberbia; es autocuidado. Porque su entorno influye directamente en sus resultados diarios. Jim Rohn lo resumió así:

“Usted es el promedio de las cinco personas con las que más tiempo pasa.”

Conocer personas que, en ciertos momentos, funcionan como espejo es algo que sorprende y emociona. Despiertan curiosidad, admiración y crecimiento. Porque cuando alguien nos refleja, nos obliga a mirarnos con más profundidad.

Ahora le pregunto a usted:

¿Cuál es su propósito para este 2026?

¿Ya pensó qué debe mejorar?

¿Qué cambio necesita hacer?

¿Qué decisión ha venido postergando?

Soltar no es fácil. Salir de la zona de confort tampoco. Pero si decide dar ese paso, le garantizo algo: valdrá la pena. Tanto, que llegará un momento en el que no se reconocerá… y volverá a amarse de formas que antes creía imposibles.

Recuerde: nadie logra nada completamente solo. Siempre llega un punto en el camino donde necesitamos a alguien más para seguir avanzando. Y aquí, sin miedo y sin vergüenza, se lo digo con claridad: si usted tiene a Dios presente en su día a día y asume responsabilidad por sus actos, todo es posible.

La fe no es pedir y esperar.

La fe es pedir y actuar.

Es moverse como si aquello que anhela ya estuviera en camino.

Muchas veces Dios no destruye su vida; destruye sus planes… porque esos planes, si continuaban, terminarían destruyéndolo a usted. Y eso también es amor.

Somos la suma de los procesos que hemos vivido y superado. Nada es en vano. Incluso en la adversidad nunca se pierde: siempre se gana aprendizaje, carácter o dirección. Todo depende de qué decide hacer con lo que le pasa.

Siempre repito una frase que me acompaña:

“La vida no se vuelve más fácil; uno se vuelve más fuerte.”

Y todo lo que hoy domina, en algún momento fue difícil.

Es sorprendente cómo la vida empieza a responder distinto cuando uno se atreve a vivir con claridad. Tal vez siempre fue así, tal vez siempre hubo señales, oportunidades y caminos abiertos, pero cuando vivimos en desorden interno no los vemos, no los valoramos y mucho menos los aprovechamos.

Por eso, antes de seguir avanzando, permítame acompañarlo en algo sencillo, pero profundamente transformador. No necesita nada extraordinario, solo un momento de honestidad con usted mismo. Busque papel y esfero. Siéntese sin prisa. Empiece a escribir todo aquello que desea, eso que a veces guarda en silencio, lo que anhela pero no siempre se atreve a decir en voz alta.

Luego haga algo más: busque imágenes que representen esos sueños. Las que ya tiene en su teléfono, esas que le mueven algo por dentro. Imprímalas, péguelas donde pueda verlas con frecuencia. No para presionarse, sino para recordarse hacia dónde va.

Y aquí viene la parte que realmente transforma: debajo de cada deseo, escriba cómo piensa alcanzarlo. No desde la fantasía, sino desde el compromiso. Ahí es donde los sueños dejan de ser solo ideas bonitas y empiezan a convertirse en planes reales.

Cambie el “debería” por el “debo”.

Y no espere al lunes, al mes perfecto o al año ideal. Empiece hoy.

Porque cuando usted tiene claridad, la vida siempre termina dándole más de lo que pide. No porque sea magia, sino porque su enfoque cambia, sus decisiones se alinean y sus acciones empiezan a hablar por usted. Y quizá siempre fue así… solo que ahora está listo para verlo.

Hoy agradezca por este lienzo en blanco llamado 2026. Un año nuevo, una oportunidad fresca, un espacio para hacerlo mejor. El mío, curiosamente, empezó incluso  el mismo día de mi cumpleaños. Y no lo veo como casualidad, sino como recordatorio: cada año es una nueva versión esperando ser construida junto a personas únicas que no sabías que existían pero están ahí.

La pregunta final no es qué le traerá el 2026.

La verdadera pregunta es: ¿quién va a decidir ser usted en este nuevo año?

Porque cuando uno se prepara, cuando actúa, cuando confía y se mueve con fe, disciplina y propósito, las coincidencias dejan de ser casualidades… y se convierten en confirmaciones.

Feliz 2026.

Deja un comentario