Tu historia se escribe ahora. 

Imagina por un momento una vida en la que el pasado ya no tenga el poder de robarte la alegría, cambiar tu estado de ánimo o detener tu evolución. Una vida en la que el futuro tampoco pueda arrebatarte la paz.

Esa vida comienza cuando comprendes algo tan sencillo como poderoso: el único momento sobre el que realmente puedes actuar es ahora.

El pasado puede enseñarte, pero no puedes regresar a él. El futuro puede inspirarte, pero todavía no existe. El presente, en cambio, está en tus manos. Es aquí donde puedes decidir, cambiar, perdonar, comenzar, insistir, soltar o volver a intentarlo.

Cada día que comienza es una página en blanco. Y aunque no puedas cambiar los capítulos anteriores de tu historia, sí puedes decidir cómo escribir el siguiente.

Eckhart Tolle ha dedicado buena parte de su obra El poder del ahora precisamente a esta idea: cuando nuestra atención regresa plenamente al presente dejamos de vivir atrapados entre los pensamientos del pasado y las proyecciones del futuro. Para Tolle, la presencia transforma la calidad de aquello que hacemos.

Y quizá ahí esté una de las grandes paradojas de la vida: pasamos demasiado tiempo pensando en lo que ya ocurrió o preocupándonos por aquello que todavía no sucede, mientras la vida está ocurriendo frente a nosotros.

El pasado no se cambia, se transforma

Cuando sientas que el peso del pasado intenta hundirte, recuerda todo lo que tuviste que atravesar para llegar hasta aquí.

Mira hacia atrás, sí, pero no para quedarte allí.

Mira hacia atrás para reconocer cuánto has avanzado.

Tus errores, tus pérdidas, tus fracasos, tus decisiones equivocadas e incluso aquellas etapas de las que quizá no te sientas orgulloso forman parte de tu historia. Pero ninguna de ellas tiene por qué convertirse en tu identidad.

Lo que te pasó explica parte de quien eres; no determina quién puedes llegar a ser.

Cada desafío superado desarrolló algo dentro de ti: carácter, experiencia, prudencia, fortaleza, empatía o resiliencia. Algunas lecciones llegaron envueltas en éxitos; otras, lamentablemente, tuvieron que llegar disfrazadas de dolor.

Y ambas enseñaron.

Marian Rojas Estapé explica que vivir permanentemente en estado de alerta mantiene activados mecanismos relacionados con el estrés, entre ellos el cortisol. También insiste en la importancia de entrenar la mente, frenar determinados pensamientos negativos y aprender a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.

Esto me lleva a una reflexión: no todo lo que ocupa nuestra mente merece seguir ocupando nuestra vida.

Hay recuerdos que debemos conservar, otros que debemos comprender y algunos que simplemente debemos aprender a soltar.

No vivas hoy los problemas de mañana

El futuro puede ilusionarnos, pero también puede asustarnos.

¿Qué pasará?

¿Saldrá bien?

¿Y si fracaso?

¿Y si pierdo?

¿Y si aquello que espero nunca llega?

Podemos construir cientos de escenarios en nuestra mente y sufrir anticipadamente por situaciones que quizá jamás ocurran.

Si en este momento estás atravesando algo difícil, es comprensible sentir miedo, angustia, dolor o preocupación. No se trata de negar esas emociones ni de fingir que todo está bien.

Se trata de entender que lo que estás viviendo hoy no necesariamente será tu realidad para siempre.

Esto también va a pasar.

Y cuando pase, probablemente descubrirás que la persona que salió de esa tormenta ya no es exactamente la misma que entró.

Porque las crisis tienen una característica extraordinaria: pueden romper estructuras, pero también obligarnos a construir otras mejores.

Por eso, cuando todo parezca incierto, hazte una pregunta mucho más útil que “¿por qué me está pasando esto?”:

¿Qué puedo hacer hoy con lo que me está pasando?

Ahí recuperas poder.

Empieza por tu porqué

Simon Sinek propone en su conocido Golden Circle comenzar por el WHY, el porqué: el propósito, la causa o la creencia que está detrás de lo que hacemos.

Aunque su modelo se utiliza ampliamente en liderazgo y organizaciones, creo que también contiene una extraordinaria lección para nuestra vida.

Antes de preguntarte qué quieres conseguir, pregúntate por qué lo quieres.

¿Por qué quieres cambiar?

¿Por qué quieres levantarte?

¿Por qué quieres construir esa empresa?

¿Por qué quieres recuperar tu paz?

¿Por qué quieres ser mejor padre, madre, pareja, amigo o líder?

¿Por qué quieres convertirte en una mejor versión de ti mismo?

Cuando tu porqué es suficientemente poderoso, empiezas a encontrar el cómo. Y cuando encuentras el cómo, tus acciones comienzan a construir el qué.

POR QUÉ: tu propósito.

CÓMO: tus decisiones, hábitos y disciplina.

QUÉ: los resultados que finalmente construyes.

Tal vez por eso muchas personas abandonan sus sueños: comienzan obsesionadas con el resultado sin haber descubierto primero una razón suficientemente poderosa para perseguirlo.

No necesitas tener resuelta toda tu vida hoy.

Necesitas tener una razón para avanzar y dar el siguiente paso.

La transformación comienza ahora

No permitas que las sombras del pasado oscurezcan la luz de tu presente. Tampoco permitas que la ansiedad por el futuro te robe las posibilidades que tienes frente a ti.

Eres arquitecto de muchas de las decisiones que construirán tu destino, y el momento para empezar a diseñarlo es ahora.

Crece como un árbol: con raíces profundas y la mirada hacia arriba.

Las raíces son tu historia. No reniegues de ellas. De allí vienes.

Pero recuerda algo: las raíces sostienen al árbol, no determinan hasta dónde pueden llegar sus ramas.

Cultiva la gratitud por cada pequeño logro, por las personas que permanecen, por aquello que aprendiste, por lo que tienes y hasta por algunas cosas que perdiste y que, con el tiempo, comprendiste que necesitabas dejar atrás.

Este es tu lienzo.

Tu oportunidad.

Tu momento.

Cree y crea.

Yo tengo una convicción profundamente ligada a mi fe: Dios no pone sueños en nuestro corazón para que simplemente los contemplemos, sino para impulsarnos a caminar hacia ellos.

Pero la fe no sustituye la acción.

La fe te da esperanza; tú tienes que poner disciplina.

La fe puede mostrarte el camino; tú tienes que caminarlo.

La fe puede sostenerte cuando tengas miedo; pero eres tú quien tiene que volver a levantarse.

Por eso siempre me ha gustado la historia de David y Goliat.

Quizá algunos gigantes aparecen en nuestra vida precisamente para obligarnos a descubrir al David que llevamos dentro.

No conoces realmente tu fortaleza hasta que la vida te coloca frente a algo que parecía más grande que tú.

Yo decidí creer en mí

Yo creo en mí.

Y esa no es una frase que repito frente al espejo. Es una decisión que tomé con el corazón, pero también con convicción.

Decidí mirar aquello que llega a mi vida —lo bueno, lo difícil, los aciertos y los errores— como una oportunidad para evolucionar y construir algo más grande, más sólido y más duradero.

He entendido que querer algo no es suficiente.

Hace falta actitud.

Hace falta disciplina.

Hace falta constancia.

Hace falta propósito.

Hace falta aprender a continuar incluso aquellos días en los que la motivación desaparece.

Porque nada verdaderamente importante es fácil desde el principio.

Muchas de las cosas que hoy hacemos con facilidad alguna vez fueron difíciles.

Lo mismo ocurre con nuestra mejor versión.

No aparece de un día para otro.

Se construye.

Decisión tras decisión.

Hábito tras hábito.

Caída tras caída.

Día tras día.

Tu historia se está escribiendo ahora

Quizá hoy no estés donde soñabas estar.

Está bien.

La pregunta verdaderamente importante es si estás caminando hacia allí.

No necesitas cambiar toda tu vida mañana. Necesitas comenzar a cambiar aquello que sí está en tus manos hoy.

Haz esa llamada.

Empieza ese proyecto.

Pide perdón.

Perdona.

Di que no.

Di que sí.

Regresa al gimnasio.

Abraza a tus hijos.

Llama a tus padres.

Termina aquello que comenzaste.

Aléjate de lo que te roba la paz.

Agradece.

Ora.

Trabaja.

Ama.

Y vuelve a intentarlo.

Porque mientras tengas un presente, tienes una oportunidad.

Algún día mirarás hacia atrás y comprenderás que muchos de los momentos que parecían estar destruyéndote en realidad estaban construyendo una versión de ti que todavía no conocías.

Por eso no desperdicies el ahora esperando el momento perfecto.

El momento perfecto no existe. Existe este momento.

Tu historia no terminó con aquello que salió mal.

Tampoco comenzará cuando finalmente consigas todo lo que deseas.

Tu historia se está escribiendo ahora.

Y mientras la escribes, recuerda que el verdadero éxito no consiste únicamente en llegar más lejos.

También consiste en dejar algo bueno en quienes vienen detrás.

Comparte lo que sabes.

Cuenta lo que aprendiste.

Levanta a alguien cuando puedas.

Convierte tus cicatrices en experiencia y tu experiencia en enseñanza.

Sé luz para quienes siguen tus pasos.

Porque quizá uno de los mayores propósitos de crecer no sea únicamente convertirnos en mejores personas, sino conseguir que nuestro camino también ayude a otros a encontrar el suyo.

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